Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



viernes, 21 de abril de 2017

eL FiNaL DeL TúNeL...

Y mi querida Paula continúa......
 

Ayer lunes 17 de Abril, me tocó volver al hospital. Tuve tres consultas, la analítica de rigor y las 6 horas de tratamiento de quimio. Un día agotador, como todos los que nos toca ir. El hospital está a 150 km de casa, por lo que tenemos que madrugar y después  volvemos más tarde. Pero ya sabemos que esa es nuestra rutina desde hace meses.

Pero ayer no fue un día cualquiera.

Cuando llegamos a la consulta de oncología, nos sentamos en la sala de espera. Al rato, me llamó el doctor y pasamos al despacho, allí me esperaba de pie, me recibió con una sonrisa y me dio dos besos. Nos sentamos los tres y me preguntó cómo me había ido el ciclo anterior, yo le conté todo lo que me había ocurrido y dolido. Posteriormente y tras revisar las últimas pruebas me comentó que si el resultado del TAC que me prescribía era satisfactorio, la de ayer sería mi última sesión de quimioterapia.


Nos despedimos con otros dos besos y un gracias.

 Que fuera mi última sesión era precisamente mi idea. Una idea que llevaba visualizando desde hacía tiempo y aunque los demás me decían que no fuese con ninguna idea fija, que el doctor haría lo que creyera conveniente, yo en mi interior seguía pensando lo mismo.

Así pues, si salgo "guapa" en el TAC, habré conseguido pasar la primera fase contra todo pronóstico médico. He invertido en ello nueve meses desde que me diagnosticaron el cáncer, con cuatro intervenciones quirúrgicas de por medio y una grave peritonitis. Pero me propuse salir y, con la ayuda de la medicina y de mi trabajo mental, lo he conseguido.

 
Parece mentira, pero pasito a pasito voy dando pasos de gigante.

 
A todos aquellos que me dicen que estoy teniendo suerte, yo les digo que la suerte no existe, existen la medicina y nuestro trabajo interior. Que hay que creer en nosotros mismos y en las cosas que queremos,... creer en los milagros porque, si nos lo proponemos, somos capaces de crearlos.

Salud para todos.



                                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.



miércoles, 12 de abril de 2017

PoRQue Sí...


Estoy sentada en la sala de espera del hospital, pendiente de hacerme una mamografía de control.

Desde hace un tiempo, a medida que me acerco a cualquier hospital, un nudo se va haciendo cada vez más grande dentro de mí. Siento angustia, el sufrimiento de los que rondan el edificio, de los que esperan, se me encarama desde las piernas hasta el alma. Me empapo de miedo e incertidumbre, de oscuras certidumbres, de noches de insomnio, de palabras al oído, de frases de consuelo, de silencios entrecortados, de miradas perdidas en lo que pudo ser y ya no es, de cansancio, de pena. Al mismo tiempo veo alguna cara de alivio, alguna sonrisa y siento como una pequeña esperanza. Lo percibo así.

Mi nombre suena en los altavoces, me toca.

Al salir, vuelvo a sentarme a esperar el resultado. Estoy bastante acongojada, no es ninguna broma. El tema puede ser serio. En frente de mí está sentada una chica joven con muletas, me pregunta la hora y empezamos a hablar. Tras una mastectomía hace unos años, parece que el bicho continúa su camino pero aún tiene esperanzas, me dice con una cara cuya mirada comunica lo contrario. Se le nota, contiene las lágrimas y se pone a escribir en el móvil, los ojos fijos en el aparato, sola y aislada de la realidad que se apodera de ella. La supongo entretenida, intentando no pensar.

Un hombre de mediana edad pasa por delante de mí hacia el baño. Me pide que le vigile la cazadora mientras sale. Al salir me pregunta si soy médico, algo ha oído antes a una enfermera. Él también lo es, trabaja en un pueblo cerca de aquí. Ha sido intervenido de un cáncer de vejiga y está pendiente de iniciar sesiones de radioterapia. Parece que las perspectivas son buenas.

Me llaman de nuevo. Entro con el susto en el cuerpo. Hace tiempo que entiendo tantas cosas….

Buenas noticias!!! Mis pechos están bien, también por dentro, no dejo de tocármelos agradecida. Sin saber lo que hago (o sabiéndolo, no sé), le doy un abrazo a la doctora y otro a la auxiliar. Salgo de la consulta deseando abrazar a todo el mundo.

Es genial. Todavía no!!!!

Mientras camino feliz, pienso en mi presente y en mi futuro, planteándome  los proyectos a medio o, mejor, a corto plazo. Casi ya! Por qué no? Porque SÍ.
 
 
 

martes, 11 de abril de 2017

aYuDaS... SoCiaLeS???


Una ayuda a domicilio que se hizo esperar… y nunca llegó.

Marzo 2009: se presenta ante los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Zaragoza un matrimonio de 79 y 71 años, ella con una minusvalía del 81%, para solicitar la teleasistencia y una ayuda semanal en las tareas domésticas. Dicha teleasistencia es otorgada, pasando a una lista de espera en el tema de la asistencia a domicilio (lógico).

Marzo 2011: El matrimonio vuelve a Servicios Sociales para conocer el estado de la dichosa lista de espera, a lo cual el resuelto funcionario les comenta que no se puede hacer más que esperar: dos años de espera.

Marzo 2016: el Trabajador Social del Centro de Salud toma cartas en el asunto y apela a los Servicios Sociales para interesarse por la situación de dicho matrimonio.

Mayo 2016: por fin los Servicios Sociales se ponen en contacto con el matrimonio  para comunicarles que su solicitud ha sido concedida, y que ahora pasaran a otra lista de espera hasta que pueda ser llevada a efecto (tres meses, según el resuelto funcionario).

Octubre 2016: pues va a ser que los tres meses ya son seis y sin ninguna repuesta por parte de los Servicios Sociales.

Enero 2017: cuando llamen para conceder por fin la ayuda, habrá que cambiar la dirección de la vivienda del matrimonio. Del barrio de Delicias se han trasladado al cementerio de Torrero. Quizás allí puedan pasar Servicios Sociales a prestar la ayuda a domicilio.

 
José Javier Seguer Rubio

jueves, 23 de marzo de 2017

La eSTReLLa Que MáS BRiLLa...

 
Mi querida Paula es consciente de que durante el proceso de su enfermedad, y quizás después también, escribir es una terapia que le ayuda a ViViR, a ella y a los que la leemos. Por eso hace unos días abrió un precioso y más que recomendable blog que se llama La estrella que más brilla. Aquí os dejo el enlace y la entrada de su presentación.
 
 
 
Me llamo Paula Cruz Gutiérrez. Nací en Mota del Cuervo, un pueblo de la provincia de Cuenca, en plena Mancha.

Siempre me ha interesado el mundo del arte, la música, la lectura y viajar.

Estudié Conservación y Restauración de Documento Gráfico así como Encuadernación Artesanal y trabajo desde el estudio que tengo en casa.  

Desde el mes de Julio del 2016 convivo con un cáncer de ovarios en un estadío 4. Con la enfermedad y todo su proceso he aprendido muchas cosas, intentando en todo momento quedarme con lo bueno de la situación.

Durante mi enfermedad he retomado la afición por escribir, como una especie de terapia personal. En los textos plasmo mis sentimientos y cómo voy afrontando la enfermedad, en aras de conseguir mi curación.

 
Y también escribo con la esperanza de que mis aprendizajes puedan ayudar u orientar a los demás.
Comenzaré publicando los textos por orden cronológico, aunque me consta que muchos de vosotros ya los habéis leído.
Gracias por acompañarme.
 
 
 
 

jueves, 16 de marzo de 2017

LaS SeCueLaS...

Hay pacientes que años después de haber superado la enfermedad siguen atados a ella sin superar las secuelas que les han quedado. No son conscientes de que lo más importante es que están vivos y de que las secuelas son tan sólo recordatorios de que debemos seguir viviendo.

Es cierto que algunas de ellas son muy importantes y que pueden llegar a limitarnos el día a día, pero no por ello debemos dejarnos arrastrar.

Creo que ésta opción se debe a que no han terminado de aceptar la enfermedad. Si eres una de esas personas, siéntate un día tranquilo/a, en silencio y aprende a aceptar tu situación, perdónate si crees que debes hacerlo y piensa que lo difícil ya ha pasado, que ahora es el momento de retomar tu vida y seguir delante de la mejor manera que consideres oportuno.

Si necesitas apoyo, búscalo, da igual que sea en un especialista o reuniéndote con gente que haya pasado por un trance semejante. Descubrirás que hay casos más leves y otros más difíciles que el tuyo y que como tú, lo han superado. Sal al exterior porque te ayudará a abrir la mente y no pensar sólo en “tu desgracia”.

Busca o retoma actividades que te gusten hacer, es la hora de ocuparse de uno mismo y disfrutar.

Sincérate, quiérete y céntrate en lo que has aprendido con tu experiencia, porque seguro que has aprendido muchas cosas, como que somos más fuertes de lo que en realidad nos creemos.

Ven y camina conmigo un rato, un tramo tan sólo y hablamos después. 
Mira la suela de mis zapatos, no están gastados y me viste correr. Bunbury


Caminad  o corred, pero seguros, sin miedo.


Paula Cruz


jueves, 9 de marzo de 2017

LoS aMiGoS...

 
Tal vez por mi timidez y por ser poco habladora, nunca he tenido una gran cantidad de amigos. Es cierto que por mi vida ha pasado mucha gente, amigos de verdad, conocidos y otros que siendo amigos tuve que dejar de lado por no ser demasiado convenientes para mi “salud mental”. Aún así todos me han enseñado algo.

Con el tiempo me fui quedando con aquellas personas que simplemente me querían por ser yo. Y aunque pueda parecer extraño, estas amistades oscilan entre los 30 y los 85 años. ¿Por qué tanta diferencia de edad? Pues simplemente porque todos a su manera aportan su granito de arena para construir mi camino.

Tengo un grupo de amigos que llevan conmigo media vida y otros que habiendo llegado más tarde, han decidido quedarse. Sobre ellos me apoyo y de ellos saco en muchas ocasiones la fuerza necesaria para seguir adelante. Gracias a su amor, a su apoyo, a su paciencia y su confianza infinita en mí. Saben que todo eso y más es recíproco y sé a ciencia cierta que lo seguirá siendo.

Me siento afortunada por tener gente a mi lado con  calidad humana. Gente especial, que me ofrecen todo lo que tienen sin pedir nada a cambio y sin hacer ningún reproche.

Son mi apoyo incondicional en éstos meses de enfermedad, con ellos me desahogo y recobro fuerzas.


Como dice Ariel Rot en unas de sus canciones:
Como un capitán extraviado y errabundo

vagando por el espacio en esta nave sin rumbo.

Entre estrellas y cometas vivo volando.

Entre estrellas y cometas siempre viajando.

 

Espero que sigamos viajando muchos años más.


Paula Cruz

 

domingo, 26 de febrero de 2017

GRaCiaS a La ViDa...

 
Paula no deja de sorprenderme. Cada día me gusta más… la persona y su forma de entender la vida.

Tendríamos que pasar todos alguna vez por algo semejante para darnos cuenta de lo grande que es ser agradecidos?, de lo importante que es relativizar y quedarnos con lo esencial?, de que lo tenemos todo sólo por el placer de disfrutarlo?, de que somos las piezas fundamentales de este gran puzle que es la vida?

Simplemente gracias

Gracias al Todo, al Universo, a Dios, a la Naturaleza. Cada uno que elija el que quiera, para mí son todos lo mismo.

Gracias por traerme hasta aquí, hasta la enfermedad y su curación. En todo momento he pensado que esto no era nada más que una etapa más que deseaba superar y bajo esa premisa he actuado.

Gracias por toda las cosas que he aprendido con ésta etapa y por las cosas que me quedan por aprender.

Gracias porque poco a poco voy aprendiendo a discernir las cosas que son importantes y las que no. Por aprender a relativizar.

Gracias por toda la gente que he descubierto que me quiere y aprecia, por toda su ayuda y apoyo.  Han sido conocidos, amigos antiguos y amigos nuevos que han surgido en esta nueva etapa. Para nosotros ha sido y sigue siendo muy importante. Para todos ellos mi infinito reconocimiento.

Gracias a mi familia. Cuando te diagnostican una enfermedad grave, no sólo se rompe tu paz interior, sino la de toda la familia. Es necesario replantearse un nuevo plan de acción, siempre sobre la marcha y esto puede llegar a ser muy estresante. Ellos han estado pendientes, sobretodo de nuestros hijos, algo muy importante para mí, quizás lo más importante. De ésta manera hemos conseguido que los niños vivieran la situación de la manera más natural posible, teniendo en cuenta que han estado treinta y cinco días sin verme y sin saber si iba a volver a casa o no.

Gracias a una amiga que me ha llamado “la estrella que más brilla”, porque nunca había recibido un piropo más bonito.

Mil gracias a la vida porque me ha dado una segunda oportunidad. Siento que he cerrado una etapa y que comienzo otra nueva. No sé qué me deparará, lo que sí sé es que se avecinan cambios. ¿Cuáles? Pues tendré que estar atenta a las señales,… el universo me dirá por qué camino he de continuar.


 
Un saludo,
Paula Cruz

 

sábado, 18 de febrero de 2017

GRaNDeS CuiDaDoReS...

 
Seguro que os acordáis de mi amiga Paula. Fue diagnosticada de un Ca. de ovario hace 7 meses y desde entonces ha escrito sobre todo el proceso de enfermedad, cómo lo afronta y cómo lo vive. Y todo eso está recogido en este blog.

Después de haber pasado una mala temporada, por complicaciones de su proceso, Paula vuelve a escribir y estoy encantada de oírla de nuevo.


EL AMOR EN LA ENFERMEDAD

Hoy no voy a hablar de enfermedad, aunque no soy de celebrar el día de los enamorados este año es especial.

Los dos últimos dos meses han sido muy difíciles, he superado dos operaciones, una fuerte peritonitis con importante deterioro de los pulmones, dos días de fallo multiorgánico, pérdida total de la masa muscular por estar encamada y mil pruebas más. Cuarenta días en el hospital, treinta de ellos en la uci, entubada y enganchada a un respirador.

 Ayer volví al hospital a varias revisiones y cuando terminé la última de la mañana, subí a la uci a ver a mis chicas (las enfermeras). Todo fue alegría, abrazos y muchos besos. Ellas encantadas de verme y yo plenamente agradecida por sus cuidados y ánimos durante el mes que estuve allí. Con algunas de ellas he llegado a tener una relación muy especial. Todos, salvo una, me han atendido con todo el cariño y el buen hacer del que eran capaces. Un millón de gracias.

Cuando uno está enfermo, tan importantes son los cuidados médicos como los afectivos y todo cariño es poco. Por eso desde aquí, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, en especial al mío.

Mi marido ha estado en todo momento a mi lado. Desde los primeros días en los que permanecí sedada hasta los últimos ya en la habitación. Todos los días se hacía trescientos kilómetros para ir a pasar la mañana conmigo y por la tarde volver a casa para estar con nuestros hijos. En todo momento ha tenido esperanza y ha confiado en mí, a pesar de los malos augurios de los médicos que me daban pocas horas de vida. Se sentaba a mi lado y me hablaba, con la esperanza de que yo dormida, le escuchara. Para mí, fue muy duro estar más de un mes sin ver a los niños pero él intentaba hacérmelo más llevadero, me llevaba fotos, por las noches grababa audios mientras mi hijo leía el cuento para que yo lo escuchara, mil y un detalles que me hacían los días más llevaderos.

Por eso hoy, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, porque son los grandes olvidados. Debemos aprender a valorarlos y a quererlos, porque sin ellos muchos enfermos no sobrevivirían ni dos días. Por favor, cuando vayáis a visitar a un enfermo, preocuparos también por el bienestar del cuidador.

Son la clave de nuestra sanación.
 
Paula Cruz
 
 

jueves, 9 de febrero de 2017

LaS BaLLeNaS...

 
Desde hace tiempo tengo la idea de que los humanos somos muy “ceporros”. Nos marcamos grandes objetivos, grandes metas a largo o imposible plazo que algunos creen que les hacen grandes personas (¿?), buscando a menudo la admiración de los demás. Y así, descuidando el día a día, lo esencial para seguir hacia el horizonte, hacia lo grande,... nos olvidamos del paso a paso. No sabemos ver, miramos pensando en cualquier otra cosa, sin centrarnos en lo que viene a ser la vida, el hoy, … o sea, todo lo que va construyendo ese mañana que anhelamos más que nada, relegando el ahora. Pero si no construimos el hoy, no habrá mañana. Parece una perogrullada, pero es verdad.
 
También sigo pensando que el resto de los seres vivos son más inteligentes, a nivel emocional, que nosotros. Saben, intuyen, ven, disfrutan, utilizan todos los sentidos, no se lamentan continuamente por algo que no tiene remedio y continúan creando, buscando otros caminos y amando a pesar de todo. Cada día es cada día, cada oportunidad es un tren al que suben sin miedo, utilizan la cautela y la intrepidez, el esfuerzo,… lo hacen mucho mejor que nosotros, conocen bien el arte de lo que es vivir el hoy y el ahora, a tope.

A propósito de esto, leí el otro día un artículo de Susana Tamaro que describe perfectamente esta situación nuestra, tan penosa.


Las Ballenas y la Zanahoria

Entre las muchas carencias espirituales que padecemos hoy en día, está esa imposibilidad de saber leer, en la naturaleza que tenemos en torno, una extraordinaria dádiva de gracia que se manifiesta merced a la gratitud de su propia belleza.

Abrumados como estamos ante el impresionante poder de todo lo que está vivo y escapa a nuestro ámbito y a nuestra comprensión, hemos decidido reducir incluso la creación a una ideología rígida. Todos nosotros queremos salvar el planeta (una actitud más que justa), pero en el fondo no sabemos realmente por qué debemos hacerlo.

Me viene a la cabeza, en estos momentos, cierta visita que recibí de una periodista que se encontraba muy involucrada en cuestiones ecologistas. Cuando le enseñé el jardín de mi casa, apenas dejó sin pisotear ninguna de las plantas que en aquel momento estaban naciendo tímidamente. Continuaba hablando con furor y, cuando le advertí: “Cuidado con mis zanahorias!”, ni siquiera bajó la vista ni, por supuesto, se le ocurrió levantar el pie. Con la mirada fija en el horizonte, continuó hablándome, impertérrita, sobre las grandes amenazas que penden sobre las ballenas. ¡Defendía las ballenas al mismo tiempo que aplastaba las zanahorias!

Cuántas veces, absortos en una idea fija, somos incapaces de percibir la realidad que tenemos delante de nuestras narices. La realidad está reclamando nuestra atención de manera constante. Sin embargo, no alcanzamos a escuchar su voz, siempre débil y humilde. Tenemos tantas cosas que hacer que no nos podemos permitir el lujo de perder el tiempo.

Y, sin embargo,… no es acaso el hecho de prestar atención a todo lo que vive, a todo lo que crece a nuestro alrededor, como si fuéramos una madre ansiosa por prestarle cuidados, lo que podría ser la cura de todos nuestros males?

Susana Tamaro

 

martes, 24 de enero de 2017

SiGue BRiLLaNDo PoR Mí...


 
Anteayer hizo un año que me dejaste. Nos dejaste. Te fuiste a no sé dónde, a no sé qué.

Creo que no podías, que no querías vivir más tiempo relegado, postrado, despintado, con tu gran amor empañado por la ausencia, olvidado por la luz que siempre te acompañó.

Porque tus ojos azules eran de luz, siempre vivos, como el mar que no se detiene nunca, que crea continuamente vida en lo profundo donde esconde lo más precioso, y la muestra llenando el espacio de espuma, olas y maravillosos juegos de delfines y ballenas. Tu forma de mirar… era el mar.

Cuánto te costaba decir te quiero, otro tesoro profundo, al igual que los besos y los abrazos, que te dejabas dar con placer y agradecimiento. Sin embargo sabías tocar, acariciarme la cara como nadie lo ha hecho nunca. De pequeña me gustaba acurrucarme entre tu mano y tu abrigo, allí me sentía protegida y segura.

Y aunque cada día estás en algún momento conmigo, fui a llevarte flores al cementerio, tus claveles rojos. Ni a ti ni a mí nos gustan los cementerios, quizás por eso las veces que he ido hemos jugado al escondite. No encuentro tu sepultura, ya puedo dar vueltas llamándote que no te encuentro, se me olvida el bloque, el piso, los vecinos,… y tú sin darme una pista hasta el final, cuando ya llevo un buen rato buscándote. Y allí está tu nombre, bañado por el sol y con vistas a una calle principal poblada de cipreses, una calle transitada como las que te gustaba mirar desde la ventana de casa. Eras muy curioso, curioso por todo.

Hacía frío cuando decidí  volver a casa. Mientras caminaba recordaba sin querer queriendo y regodeándome en los recuerdos, al tiempo que alguna lágrima escurridiza me acompañaba durante el trayecto.


Te acuerdas….

Cuando con 10 años quería ser bailarina? Los reyes me trajeron unas zapatillas de ballet con las que iba todo el día de puntillas por casa. Cuando termines de estudiar ya hablaremos, me decías.

Cuando el domingo bien temprano nos íbamos los dos al bar de Juan, tú te tomabas un café y a mí me dabas un duro para jugar a la máquina de las bolas. Luego subíamos churros para desayunar todos en casa.

Y de la primera regañina cuando salí con un chico a escondidas? Inolvidable. La de noches que me esperasteis levantados para echarme un rapapolvo por no estar en casa a las 10.

Y si suspendía algún parcial, ya en la universidad, siempre me decías que siguiera intentándolo, que me esforzara, que sabías que me gustaba lo que hacía y que valía para eso.

El abrazo en la UCI del hospital de Castellón, nunca volví a verte llorar así. Bueno si, cuando falleció tu hija Marta.

El coraje, adelante siempre, ver el lado bueno de las cosas, no tener miedo, caer y levantarse, siempre. Tantas cosas inolvidables que han hecho una vida, una buena vida a tu lado. Y como en todas las vidas hubo de todo, pero hoy recuerdo lo mejor. Te sigo queriendo tanto.


Sabes? Se me ha ocurrido aprender a patinar, con esos patines de cuatro ruedas en fila. Si, ya sé que de niña patinaba y me estozolé más de una vez, pero hace tanto de eso que es como la primera vez.

Siento que me miras sonriendo irónico mientras sé que piensas, al menos, dos cosas. La primera: óle!, a tu edad aún buscas experimentar cosas nuevas, sigues teniendo ganas de aprender y disfrutar… sigue siempre así!. La segunda: estás loca, a tu edad, lo has pensado bien, haz algo más tranquilo como estudiar inglés o hacer cruceta,… ten mucho cuidado no te hagas daño. Si te pasa algo, a mí no vengas…

También se me ha ocurrido aprender a tocar el piano, es algo diferente y muy creativo,… pero ya estoy entrando en casa, suena el teléfono y no te doy tiempo a decirme nada.


Sigue brillando por mí, allá donde estés.



sábado, 21 de enero de 2017

No SaBe NaDa... Y Lo SaBe ToDo.


La calle donde está la casa de Fina no sale en el GPS. Se encuentra en un pueblo perdido entre campos de olivos, blancos de nieve hoy. Es alta y estrecha en medio de un callejón sin salida. Al entrar, el frío de afuera casi permanece dentro, sin solución de continuidad. Subimos escaleras y más escaleras. Entre piso y piso pequeñas estufas sostienen la mínima calidez de la casa, entre el comedor, la cocina y los dormitorios que apenas insinúan calor.

Nos recibe la hija: “Mi madre no sabe nada, cree que se va a poner bien, pero ya sabemos lo que hay…”.

En su cama, entre varias mantas, asoma la cabeza de Fina y sus delgados brazos. Nos recibe seria, no está acostumbrada a los extraños en su casa. Tiene 83 años y, como la mayoría de las personas de su edad, una intensa y dura vida a sus espaldas que se refleja en los surcos de su rostro.

Al principio no demuestra el más mínimo interés por nosotros, esquiva mira hacia otro lado cuando nos acercamos e intentamos saber si tiene dolor, si come, si duerme bien,…. y qué sabe ella de su enfermedad. Cambiamos de tema y le preguntamos por sus hijos, sus nietos,… Se le ilumina la cara y nos cuenta que su nieto, cuando vuelve del cole, se sienta a su lado y le lee historias de aventuras. “Al ataque, capitán!!,… se llama Jack no sé qué…”, Sparrow?, le digo, “eso, eso!!”. Ya hemos entrado. “Lo que pasa es que a mí me gustaría hablar sobre cosas importantes de la vida, pero cuando no me lee está con el móvil, con el whatsapp,…” (!!)

Mientras mi compañero le explica a la familia cómo utilizar los fármacos por la palomilla subcutánea que le hemos colocado, me quedo un rato a solas con ella, sentada en la cama, nuestras manos enlazadas, en silencio.

“Esto ya es el final, verdad?, hace tiempo que lo sé”, me dice mirándome tranquila y fijamente.

Sin darme tiempo sigue, “Mi marido murió hace tres meses y también le pusieron esto en el brazo… Para la morfina, no?

Estoy en paz con todos, mis hijos y mis nietos.

No tengo nada que solucionar, está todo bien arreglado, mi marido ya lo hizo cuando le tocó.

Mi madre falleció con 49 años y yo cuidé de todos mis hermanos, soy la mayor. También he cuidado de cuatro abuelos en mi casa… y ahora no quiero darles tanto trabajo a mis hijos.

Claro que yo haría esto y más por ellos, me dejaría cortar una mano. Pero ellos están sufriendo demasiado por mí. No se lo merecen.

 
Cuando volverán a casa,... la semana que viene?  Pero no se olviden, eh?”