Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



sábado, 22 de julio de 2017

eL DeSPuéS...


El después tiene las patas cortas, es pesado y se mueve lentamente. A veces se aferra al estómago y te dan náuseas, otras es como un dolor sordo difícil de localizar. Las más de las veces juega al escondite, agazapado tras un libro, un árbol, un olor, una palabra, una melodía, un trasto,… sabe que sin querer queriendo lo miras y allí está. Entonces ese nudo, ya familiar y parte de uno para siempre jamás, vuelve a ceñir de nuevo el alma.
 
Pueden pasar días, crees que el ahora va conquistando más espacio, que vas recalculando la ruta,…. pero el después acecha. Siempre aparece cuando menos te lo esperas. Como el amor.
 
No es malo el después, simplemente te obliga a ver el final, también tu final, te asoma al abismo y al vacío. Al tiempo que te hace sentir la tierra que pisas, que antes paseabas de puntillas, y te da el barro suficiente para que sigas construyendo y modelando tu vida, que al fin y al cabo es lo más hermoso que tenemos. Ya.
 
La primera vez que escuché “Te busco”, mucho antes de que os fuerais, supe que esta canción sería para el después. En serio.

 
 
 

martes, 18 de julio de 2017

aLGo iMPReViSTo...

 
Nos llama la oncóloga del hospital porque ha ingresado una paciente joven con dolor descontrolado y, aún con dosis altas de morfina intravenosa, le está costando manejarla. El problema es que la paciente quiere ir a casa y en esas condiciones no es posible darle el alta. 

En algunos casos de tan difícil control hemos acudido al cuarto escalón de la escalera analgésica de la OMS, que se aplica en centros especializados, en las Unidades del Dolor. Consiste en técnicas de analgesia como administración de fármacos por vía espinal, bloqueos de nervios periféricos, bloqueo simpático o neurolítico, técnicas de estimulación eléctrica, neurocirugía,… Lo dejamos como opción final si los tratamientos habituales no nos dan resultado.

Tras 24 horas, y varias subidas de dosis acompañadas de fármacos coadyuvantes, se consigue que la paciente tenga un buen control del dolor.

Si queremos que vaya a su domicilio deberemos sustituir la vía intravenosa por un infusor subcutáneo para que ella y/o su familia puedan manejar dosis de medicación extra si el dolor vuelve a aparecer.

Acudimos al hospital para ponérselo ajustando dosis y, de paso, conocerla ya. Nos han dicho que vive en un pueblo bastante alejado del hospital, tiene 49 años, está casada y tiene un hijo de veintitantos años… y, añado, probablemente le está costando “un” mucho aceptar la situación. La vejez conlleva el deterioro físico que, generalmente (aunque no siempre) ayuda a la mente a afrontar estas situaciones dejándose deslizar suavemente hacia el final, la juventud no.

La habitación de Laura está silenciosa y el sol entra a raudales por la ventana. Morena, el pelo corto, ojos grandes y húmedos, vuelve la cara hacia nosotras al entrar. Tumbada en la cama parece agotada. El suero envuelto en papel de plata, como si de un regalo se tratara, cuelga del palo a su lado. En la mano un arrugado pañuelo de papel. En la tele colgada de la pared, allá arriba, varios expertos desglosan el encierro de esta mañana en los sanfermines. Ambiente de fiesta.

El saludo es distante, casi doloroso, como han sido los últimos días para ella. Sentada en la cama, intento acercarme a su dolor. Le toco suavemente la mano pero la retira. Desde su isla interior nos observa distante y en silencio. Tras unos segundos le preguntó cómo se encuentra. Sonríe tímidamente mientras dice que sin dolor, por fin! “Eran como puñales que se me clavaban en las piernas”.

Sabe que el cáncer de pulmón que desde hace medio año ha sido tratado como un dolor osteomuscular… se ha extendido a sus huesos, sin remedio. Lo sabe desde hace dos meses, cuando su marido le convenció para que acudiera al hospital.

Nunca le ha gustado ir al médico, “siempre aparece algo imprevisto”, por eso aunque es una fumadora empedernida y la tos le ahogaba en muchas ocasiones, disimulaba y se conformó con lo del dolor muscular hartándose a tomar antiinflamatorios. “Aun con todo y sabiendo que la culpa es mía, estoy enfadada con el médico. Ahora lo importante es que mejore.”

Llora y ríe casi al mismo tiempo, la rabia y la tristeza se le apoderan y al instante siguiente, incapaz de aceptar todavía el diagnóstico y el poco tiempo que queda, abraza la esperanza como si fuera una nube de algodón. Como una niña, sueña con despertar de esta pesadilla. Pareciera que se siente bien con tanta gente alrededor preocupada por ella, poniendo y quitando agujas, esparadrapos y otros accesorios.
 
 
Recuerdo una ocasión en la que una paciente me dijo: “Daría lo que fuera por cambiarnos, por estar en tu lugar ahí sentada en mi cama y tú en el mío. Por tus piernas, por tu cara, por el pelo, por tus andares, por las manos, por tus ojos, por lo que no conozco, por ti entera. No quiero saber qué problemas tienes… me quedaría con todos, sean los que sean”.
 

domingo, 9 de julio de 2017

ReCuRSoS...

Un olor fresco, a verde y naranja nos envuelve al entrar. Todos los hogares huelen, a veces no es un olor como sentido propiamente dicho, sino como una atmósfera, un estado de ánimo, un color. Se respira pausa, respeto. Los espacios amplios nos acogen, el sol inunda casi todos los rincones creando una alfombra de calidez bajo nuestros pasos silenciosos.

Tras años de enfermedad la lucha ha cedido para dejar paso a la aceptación, que no resignación. Pablo sigue buscando recursos que le ayuden a disfrutar cada momento que queda, cada ocasión de  vivir.

Nos habla francamente de la enfermedad. De la ELA que le roba movilidad y le hace más dependiente día a día, del pronóstico, de cómo intuye que será el final y del deseo de la sedación cuando llegue el momento. Agradecemos de corazón la sinceridad, porque va a hacerlo más fácil para todos.

He dicho “nos habla” y no es del todo exacto. Adaptada a la silla de ruedas tiene una Tablet. En ella escribe, con la mano que aún moviliza, sus pensamientos, las frases que quiere comunicar,… después pulsa una tecla en la que pone “VOZ” y la máquina nos lee con un sonido metálico lo que aparece en la pantalla. Si se olvida de escribir una letra, parece que la máquina se atragante al leerlo, despertando en él una sonrisa a modo de disculpa.

Al terminar la visita y antes de irnos nos dice que le gustaría que nos hiciéramos una foto con la Tablet. Nos colocamos detrás de él, junto a su esposa y, sonrientes los cuatro, él con una sonrisa de medio lado, enfoca y nos hace la foto. Movida, claro. Pero preciosa y entrañable.

 

lunes, 3 de julio de 2017

aPReNDeR a No JuZGaR...

 
Nos habían avisado de que era un domicilio complicado. Era difícil entenderse con la esposa del paciente porque mostraba agresividad y malentendía la actitud del equipo médico que habitualmente manejaba a su esposo enfermo, el cual mostraba pasividad y enfado al mismo tiempo.

Así que allí fuimos intentando, como habitualmente hacemos, no llevar ninguna idea preconcebida de lo que nos íbamos a encontrar,… Hacemos lo posible por entrar en los domicilios como páginas en blanco.

Laura nos abrió la puerta. “Ya era hora de que vinieran. Mi marido está cada vez peor y yo estoy sola! Estoy muy descontenta con este servicio, les espero desde ayer”.  Hacía dos días que recibimos la derivación de su médico de AP y el día anterior le habíamos llamado por teléfono para decirle que iríamos a verlos hoy.

Mudas, la seguimos por un largo pasillo, plagado de puertas que se abrían a pequeñas habitaciones vacías. En silencio llegamos al final, al dormitorio. Desde la cama, Juan nos recibe con una media sonrisa. Intercambiamos una suave mirada con ella, las lágrimas se deslizan por su cara.

“Yo ya no puedo con él. Estamos solos, no tenemos hijos”. Dice a modo de disculpa. Aunque no debe, lo hace. Nadie debería disculparse por las emociones que afloran cuando uno está en una situación límite, creo yo. En nuestro quehacer diario, tenemos que poder con eso y mucho más.

Hace dos meses a Juan le diagnosticaron una enfermedad terminal en fase muy avanzada y que evoluciona rápidamente. “Se jubiló el año pasado, yo trabajo de limpiadora en un hospital y me quedan dos años. Toda la vida trabajando… y ahora esto!”. No por repetida, deja de impactarnos cada vez que escuchamos la misma frase.  

“Él ha decidido irse a una residencia,… aquí y así no podemos estar”. Juan asiente, apenas puede hablar. “Ella no puede conmigo, y yo no puedo hacer nada sin ayuda”, nos dice lentamente, intentando hacerse entender con mucha dificultad y rabia contenida. El enfado, la confusión y el no entender nada de lo que está pasando ni el por qué empapan su cuerpo delgado, la cara de luna llena, las sábanas y la silla en la que estoy sentada, a su lado.

 
Su esposa probablemente se siente culpable por no poder atenderlo y tener que sacarlo de su casa, aunque parece que la decisión la tomó él. “Pero claro, por mi culpa”, dice ella.

Al despedirnos, en el rellano de la escalera, nos sorprende con un abrazo húmedo, como quien ha naufragado y se agarra a una tabla en medio del mar, sin querer soltarla para no ahogarse. “Vendrán a la residencia, verdad?”

A los pocos días le encontramos a él sonriente en la cama articulada de la habitación de la residencia. “Las auxiliares están muy pendientes de él”, nos dice la esposa, bastante más tranquila que en su casa.

En el pasillo vuelve a llorar, intentamos desculpabilizarla y reafirmarla en la decisión que han tomado. La enfermera de la residencia nos acompaña en todo momento y nos dice que necesitaba eso, que entre todos la ayudáramos a sentir que ha tomado la decisión adecuada.

 
Nadie debería juzgar a nadie. La comprensión, la compasión, el sentido común, el saltarse las normas y el ponerse en la piel del otro no lo enseñan en la facultad, sino en la Universidad de la Vida.



domingo, 28 de mayo de 2017

GLoBoS Y MáS GLoBoS...

 
En medio del atasco de la M-30, recién salida de la sesión de siete horas y media de quimio, me encuentro que no sé si vivo o si muero. Decido relajarme para controlar las náuseas que siento.

Cierro los ojos y respiro, llevo toda mi atención a mi corazón y comienzo.

Visualizo un globo azul y lo lleno con todas las náuseas y las molestias que me produce la quimio. Con mucho amor lo suelto y miro cómo asciende.

Tomo otro globo azul y lo lleno con todos los malos sabores que me produce la quimio. Con todo mi amor lo mando al cielo.

En otro globo meto todos los dolores de las articulaciones y de mi cuerpo. Lo envío con un beso al firmamento.

Esta vez, inflo un globo de color verde el color de la sanación. Ahí meto toda la radiación junto con todos los desechos que la quimio produce. Muy despacio lo suelto y lo envío arriba, muy arriba a buscar y acompañar a los que ascendieron primero.
 
Por último, inflo un globo enorme, de color rojo, con forma de corazón y lo lleno con todo el amor que puedo. Lo envío a buscar a sus compañeros, para que se introduzcan dentro de él y se repartan todo ese amor.

Poco a poco vuelvo a la realidad y sigo el viaje de vuelta a casa, esperando que mis visualizaciones surtan efecto.

  
 
Todos podemos imaginar aquello que deseamos conseguir.

Un beso.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 20 de mayo de 2017

CaRPe DieM...

 
 
 
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y la poesía
pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña.
Nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
ya que en sueños el hombre es libre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes y huye.

Valora la belleza de las cosas simples.
Puedes hacer poesía sobre las pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias,
porque no puedes remar en contra de ti mismo.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase sin que la vivas.



Walt Whitman

 

domingo, 7 de mayo de 2017

ViViR Ya...!!!

El GPS nos conduce a un callejón sin salida en un pueblo al final de la carretera, “allá donde se acaban los caminos” como dice la canción. El trabajo es dar la vuelta en un espacio más pequeño que el salón de casa, sin rallar el coche. Tras interminables maniobras, lo conseguimos. Pero lo que no sabemos (o si,… algo intuimos ayer al hablar con ella por teléfono) es que nos queda el más difícil todavía.

El patio de entrada es frío y Julián habla en voz baja. Las ojeras grises esconden gran parte de su cara dándole un aspecto más que cansado, a pesar de tener cincuenta y tantos y un físico fuerte y aparentemente sano.

Nos habla del difícil carácter de su mujer, acentuado durante el transcurso de los años de enfermedad. Un mal día se le diagnosticó un cáncer. Tras la intervención y la QT posterior, todo quedó en un susto y la enfermedad guardó silencio durante unos años. Después de ese tiempo despertó en su hígado, pero contenida de tal forma que pudo ser intervenida y nuevamente tratada con varios ciclos de QT, que le produjeron graves alteraciones, por lo que fueron cambiando líneas de tratamiento en función de su tolerancia. Malos meses, malos años.

Mientras tanto “el bicho” continuaba activo, asediando su pleura y sus pulmones. Los tratamientos continuaron, alternándose con múltiples complicaciones, empiemas, neumotórax,…. “Me duele hasta al recordarlo. Estaba abonada al hospital, ya desde admisión todo el mundo me conocía por mi nombre,… imagínate en un Bellvitge!!

En las revisiones, tras los tratamientos, era evidente que la enfermedad progresaba. Desafío tras desafío, un desencanto tras otro, cada vez más agotada, cansada de luchar, esperanza y chasco alternándose cada día, cada hora, incluso un minuto una y al siguiente el otro,… “Años de lucha que no sirvieron para nada,… sólo para amargarme la poca vida que me iba quedando, cada vez menos tiempo y de peor calidad”.

Llora durante la mayor parte de la visita, la rabia y el enfado asoma por todos sus poros. Por pequeños (o grandes para ella) detalles, se enfrenta con su marido y  con nosotras, reaccionando con una agresividad y una violencia tan dolorosa que nos cala hasta lo más profundo.

“Sabéis lo único que quiero y que nadie puede darme? Volver a estar como antes, ser como antes. Y como no es posible, quiero que me pongáis una inyección y terminar ya con todo. Y como tampoco eso es posible… para qué todo este sufrimiento? No es justo.”

No está satisfecha de su vida. He cometido muchos errores y he dejado pendientes de hacer muchísimas cosas. Mi marido y yo hemos trabajado como burros para mantener unos hijos y pagar una hipoteca, apenas hemos viajado ni hemos disfrutado. Pensábamos que tras la jubilación (a mí aún me quedan 6 años) podríamos cumplir los sueños pendientes, más que nada viajar… Y ya ves…

Sólo os doy un consejo: vivir el día a día, hacer lo que podáis ahora, no esperéis (a qué?), no dejéis deseos pendientes para el día de mañana.” Nos dice con rabia contenida. Al tiempo que tose, se ahoga y sigue con el cigarrillo entre los dedos.

El pesar que flota en el ambiente es enorme, la pena inunda la casa y la desesperación no da más de sí, ocupando todo el espacio a la vista. Apenas nos ha dejado explorarla y es muy difícil que acepte modificaciones en el tratamiento sin que desconfíe, Ya no me creo nada”. Tras más de una hora se levanta en dirección a la puerta de la calle, su marido tras ella, quiere salir a que le dé un poco el aire. Es muy duro para todos estar sentados en platea viendo pasar la película de su vida.

Rosa no llega a los 60 años. Ni llegará, probablemente.

Cuando salimos a la calle, una canción me viene a la cabeza y no dejo de tararearla hasta llegar a casa:


Mi unicornio azul ayer se me perdió,
no sé si se me fue, no sé si extravió.
Y yo no tengo más que un unicornio azul.
Si alguien sabe de él, le ruego información,
cien mil o un millón yo pagaré.
Mi unicornio azul se me ha perdido ayer,
… SE FUE.
 

 

miércoles, 3 de mayo de 2017

BaiLaNDo BaJo La LLuVia...

 
Hay una frase que últimamente me persigue. La encuentro escrita en un montón de lugares diferentes y, como alguna que otra frase hecha, creo que es verdad verdadera.
 
Y digo yo…

Si las tormentas vienen tras un periodo de calma, cuando parece que todo lo tenemos bajo control.

Si las tormentas a veces avisan antes de llegar, con un olor especial que te encrespa el cabello, y otras aparecen sin anunciar, con gran estruendo y un viento cargado de lluvia que arrasa con casi todo lo vivido, convirtiendo en ruinas los sueños y las verdades.

Si las tormentas te ponen la vida del revés y el trabajo es volver a juntar las piezas mientras esperas al arco iris, dibujar nuevas huellas en el barro, crear otras trazadas descalzos y con dudas acerca de lo que somos y de lo que tenemos, buscando lo hermoso que aún nos queda,…


Entonces parece ser que:
 
 La vida no es esperar a que pase la tormenta,
sino aprender a bailar bajo la lluvia.
 
Dedicado a las personas que como tú, mi querida Paula, sois valientes porque habéis aprendido a bailar en medio de la tormenta y a otras que, como yo, hemos convivido con ella y nos ha empapado la lluvia y el miedo.




 

domingo, 30 de abril de 2017

aRRiBa Y aBaJo...

 
Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.
 
Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, este ayer incierto y el hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las náuseas, los dolores y los desesperos.
 
Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.

Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.


La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.
 
Porque todos somos merecedores de ello.


 
Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún no puedo subir las escaleras.

Un beso.


Paula Cruz
 



viernes, 21 de abril de 2017

eL FiNaL DeL TúNeL...

Y mi querida Paula continúa......
 

Ayer lunes 17 de Abril, me tocó volver al hospital. Tuve tres consultas, la analítica de rigor y las 6 horas de tratamiento de quimio. Un día agotador, como todos los que nos toca ir. El hospital está a 150 km de casa, por lo que tenemos que madrugar y después  volvemos más tarde. Pero ya sabemos que esa es nuestra rutina desde hace meses.

Pero ayer no fue un día cualquiera.

Cuando llegamos a la consulta de oncología, nos sentamos en la sala de espera. Al rato, me llamó el doctor y pasamos al despacho, allí me esperaba de pie, me recibió con una sonrisa y me dio dos besos. Nos sentamos los tres y me preguntó cómo me había ido el ciclo anterior, yo le conté todo lo que me había ocurrido y dolido. Posteriormente y tras revisar las últimas pruebas me comentó que si el resultado del TAC que me prescribía era satisfactorio, la de ayer sería mi última sesión de quimioterapia.


Nos despedimos con otros dos besos y un gracias.

 Que fuera mi última sesión era precisamente mi idea. Una idea que llevaba visualizando desde hacía tiempo y aunque los demás me decían que no fuese con ninguna idea fija, que el doctor haría lo que creyera conveniente, yo en mi interior seguía pensando lo mismo.

Así pues, si salgo "guapa" en el TAC, habré conseguido pasar la primera fase contra todo pronóstico médico. He invertido en ello nueve meses desde que me diagnosticaron el cáncer, con cuatro intervenciones quirúrgicas de por medio y una grave peritonitis. Pero me propuse salir y, con la ayuda de la medicina y de mi trabajo mental, lo he conseguido.

 
Parece mentira, pero pasito a pasito voy dando pasos de gigante.

 
A todos aquellos que me dicen que estoy teniendo suerte, yo les digo que la suerte no existe, existen la medicina y nuestro trabajo interior. Que hay que creer en nosotros mismos y en las cosas que queremos,... creer en los milagros porque, si nos lo proponemos, somos capaces de crearlos.

Salud para todos.



                                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.



miércoles, 12 de abril de 2017

PoRQue Sí...


Estoy sentada en la sala de espera del hospital, pendiente de hacerme una mamografía de control.

Desde hace un tiempo, a medida que me acerco a cualquier hospital, un nudo se va haciendo cada vez más grande dentro de mí. Siento angustia, el sufrimiento de los que rondan el edificio, de los que esperan, se me encarama desde las piernas hasta el alma. Me empapo de miedo e incertidumbre, de oscuras certidumbres, de noches de insomnio, de palabras al oído, de frases de consuelo, de silencios entrecortados, de miradas perdidas en lo que pudo ser y ya no es, de cansancio, de pena. Al mismo tiempo veo alguna cara de alivio, alguna sonrisa y siento como una pequeña esperanza. Lo percibo así.

Mi nombre suena en los altavoces, me toca.

Al salir, vuelvo a sentarme a esperar el resultado. Estoy bastante acongojada, no es ninguna broma. El tema puede ser serio. En frente de mí está sentada una chica joven con muletas, me pregunta la hora y empezamos a hablar. Tras una mastectomía hace unos años, parece que el bicho continúa su camino pero aún tiene esperanzas, me dice con una cara cuya mirada comunica lo contrario. Se le nota, contiene las lágrimas y se pone a escribir en el móvil, los ojos fijos en el aparato, sola y aislada de la realidad que se apodera de ella. La supongo entretenida, intentando no pensar.

Un hombre de mediana edad pasa por delante de mí hacia el baño. Me pide que le vigile la cazadora mientras sale. Al salir me pregunta si soy médico, algo ha oído antes a una enfermera. Él también lo es, trabaja en un pueblo cerca de aquí. Ha sido intervenido de un cáncer de vejiga y está pendiente de iniciar sesiones de radioterapia. Parece que las perspectivas son buenas.

Me llaman de nuevo. Entro con el susto en el cuerpo. Hace tiempo que entiendo tantas cosas….

Buenas noticias!!! Mis pechos están bien, también por dentro, no dejo de tocármelos agradecida. Sin saber lo que hago (o sabiéndolo, no sé), le doy un abrazo a la doctora y otro a la auxiliar. Salgo de la consulta deseando abrazar a todo el mundo.

Es genial. Todavía no!!!!

Mientras camino feliz, pienso en mi presente y en mi futuro, planteándome  los proyectos a medio o, mejor, a corto plazo. Casi ya! Por qué no? Porque SÍ.
 
 
 

martes, 11 de abril de 2017

aYuDaS... SoCiaLeS???


Una ayuda a domicilio que se hizo esperar… y nunca llegó.

Marzo 2009: se presenta ante los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Zaragoza un matrimonio de 79 y 71 años, ella con una minusvalía del 81%, para solicitar la teleasistencia y una ayuda semanal en las tareas domésticas. Dicha teleasistencia es otorgada, pasando a una lista de espera en el tema de la asistencia a domicilio (lógico).

Marzo 2011: El matrimonio vuelve a Servicios Sociales para conocer el estado de la dichosa lista de espera, a lo cual el resuelto funcionario les comenta que no se puede hacer más que esperar: dos años de espera.

Marzo 2016: el Trabajador Social del Centro de Salud toma cartas en el asunto y apela a los Servicios Sociales para interesarse por la situación de dicho matrimonio.

Mayo 2016: por fin los Servicios Sociales se ponen en contacto con el matrimonio  para comunicarles que su solicitud ha sido concedida, y que ahora pasaran a otra lista de espera hasta que pueda ser llevada a efecto (tres meses, según el resuelto funcionario).

Octubre 2016: pues va a ser que los tres meses ya son seis y sin ninguna repuesta por parte de los Servicios Sociales.

Enero 2017: cuando llamen para conceder por fin la ayuda, habrá que cambiar la dirección de la vivienda del matrimonio. Del barrio de Delicias se han trasladado al cementerio de Torrero. Quizás allí puedan pasar Servicios Sociales a prestar la ayuda a domicilio.

 
José Javier Seguer Rubio

jueves, 23 de marzo de 2017

La eSTReLLa Que MáS BRiLLa...

 
Mi querida Paula es consciente de que durante el proceso de su enfermedad, y quizás después también, escribir es una terapia que le ayuda a ViViR, a ella y a los que la leemos. Por eso hace unos días abrió un precioso y más que recomendable blog que se llama La estrella que más brilla. Aquí os dejo el enlace y la entrada de su presentación.
 
 
 
Me llamo Paula Cruz Gutiérrez. Nací en Mota del Cuervo, un pueblo de la provincia de Cuenca, en plena Mancha.

Siempre me ha interesado el mundo del arte, la música, la lectura y viajar.

Estudié Conservación y Restauración de Documento Gráfico así como Encuadernación Artesanal y trabajo desde el estudio que tengo en casa.  

Desde el mes de Julio del 2016 convivo con un cáncer de ovarios en un estadío 4. Con la enfermedad y todo su proceso he aprendido muchas cosas, intentando en todo momento quedarme con lo bueno de la situación.

Durante mi enfermedad he retomado la afición por escribir, como una especie de terapia personal. En los textos plasmo mis sentimientos y cómo voy afrontando la enfermedad, en aras de conseguir mi curación.

 
Y también escribo con la esperanza de que mis aprendizajes puedan ayudar u orientar a los demás.
Comenzaré publicando los textos por orden cronológico, aunque me consta que muchos de vosotros ya los habéis leído.
Gracias por acompañarme.
 
 
 
 

jueves, 16 de marzo de 2017

LaS SeCueLaS...

Hay pacientes que años después de haber superado la enfermedad siguen atados a ella sin superar las secuelas que les han quedado. No son conscientes de que lo más importante es que están vivos y de que las secuelas son tan sólo recordatorios de que debemos seguir viviendo.

Es cierto que algunas de ellas son muy importantes y que pueden llegar a limitarnos el día a día, pero no por ello debemos dejarnos arrastrar.

Creo que ésta opción se debe a que no han terminado de aceptar la enfermedad. Si eres una de esas personas, siéntate un día tranquilo/a, en silencio y aprende a aceptar tu situación, perdónate si crees que debes hacerlo y piensa que lo difícil ya ha pasado, que ahora es el momento de retomar tu vida y seguir delante de la mejor manera que consideres oportuno.

Si necesitas apoyo, búscalo, da igual que sea en un especialista o reuniéndote con gente que haya pasado por un trance semejante. Descubrirás que hay casos más leves y otros más difíciles que el tuyo y que como tú, lo han superado. Sal al exterior porque te ayudará a abrir la mente y no pensar sólo en “tu desgracia”.

Busca o retoma actividades que te gusten hacer, es la hora de ocuparse de uno mismo y disfrutar.

Sincérate, quiérete y céntrate en lo que has aprendido con tu experiencia, porque seguro que has aprendido muchas cosas, como que somos más fuertes de lo que en realidad nos creemos.

Ven y camina conmigo un rato, un tramo tan sólo y hablamos después. 
Mira la suela de mis zapatos, no están gastados y me viste correr. Bunbury


Caminad  o corred, pero seguros, sin miedo.


Paula Cruz


jueves, 9 de marzo de 2017

LoS aMiGoS...

 
Tal vez por mi timidez y por ser poco habladora, nunca he tenido una gran cantidad de amigos. Es cierto que por mi vida ha pasado mucha gente, amigos de verdad, conocidos y otros que siendo amigos tuve que dejar de lado por no ser demasiado convenientes para mi “salud mental”. Aún así todos me han enseñado algo.

Con el tiempo me fui quedando con aquellas personas que simplemente me querían por ser yo. Y aunque pueda parecer extraño, estas amistades oscilan entre los 30 y los 85 años. ¿Por qué tanta diferencia de edad? Pues simplemente porque todos a su manera aportan su granito de arena para construir mi camino.

Tengo un grupo de amigos que llevan conmigo media vida y otros que habiendo llegado más tarde, han decidido quedarse. Sobre ellos me apoyo y de ellos saco en muchas ocasiones la fuerza necesaria para seguir adelante. Gracias a su amor, a su apoyo, a su paciencia y su confianza infinita en mí. Saben que todo eso y más es recíproco y sé a ciencia cierta que lo seguirá siendo.

Me siento afortunada por tener gente a mi lado con  calidad humana. Gente especial, que me ofrecen todo lo que tienen sin pedir nada a cambio y sin hacer ningún reproche.

Son mi apoyo incondicional en éstos meses de enfermedad, con ellos me desahogo y recobro fuerzas.


Como dice Ariel Rot en unas de sus canciones:
Como un capitán extraviado y errabundo

vagando por el espacio en esta nave sin rumbo.

Entre estrellas y cometas vivo volando.

Entre estrellas y cometas siempre viajando.

 

Espero que sigamos viajando muchos años más.


Paula Cruz

 

domingo, 26 de febrero de 2017

GRaCiaS a La ViDa...

 
Paula no deja de sorprenderme. Cada día me gusta más… la persona y su forma de entender la vida.

Tendríamos que pasar todos alguna vez por algo semejante para darnos cuenta de lo grande que es ser agradecidos?, de lo importante que es relativizar y quedarnos con lo esencial?, de que lo tenemos todo sólo por el placer de disfrutarlo?, de que somos las piezas fundamentales de este gran puzle que es la vida?

Simplemente gracias

Gracias al Todo, al Universo, a Dios, a la Naturaleza. Cada uno que elija el que quiera, para mí son todos lo mismo.

Gracias por traerme hasta aquí, hasta la enfermedad y su curación. En todo momento he pensado que esto no era nada más que una etapa más que deseaba superar y bajo esa premisa he actuado.

Gracias por toda las cosas que he aprendido con ésta etapa y por las cosas que me quedan por aprender.

Gracias porque poco a poco voy aprendiendo a discernir las cosas que son importantes y las que no. Por aprender a relativizar.

Gracias por toda la gente que he descubierto que me quiere y aprecia, por toda su ayuda y apoyo.  Han sido conocidos, amigos antiguos y amigos nuevos que han surgido en esta nueva etapa. Para nosotros ha sido y sigue siendo muy importante. Para todos ellos mi infinito reconocimiento.

Gracias a mi familia. Cuando te diagnostican una enfermedad grave, no sólo se rompe tu paz interior, sino la de toda la familia. Es necesario replantearse un nuevo plan de acción, siempre sobre la marcha y esto puede llegar a ser muy estresante. Ellos han estado pendientes, sobretodo de nuestros hijos, algo muy importante para mí, quizás lo más importante. De ésta manera hemos conseguido que los niños vivieran la situación de la manera más natural posible, teniendo en cuenta que han estado treinta y cinco días sin verme y sin saber si iba a volver a casa o no.

Gracias a una amiga que me ha llamado “la estrella que más brilla”, porque nunca había recibido un piropo más bonito.

Mil gracias a la vida porque me ha dado una segunda oportunidad. Siento que he cerrado una etapa y que comienzo otra nueva. No sé qué me deparará, lo que sí sé es que se avecinan cambios. ¿Cuáles? Pues tendré que estar atenta a las señales,… el universo me dirá por qué camino he de continuar.


 
Un saludo,
Paula Cruz

 

sábado, 18 de febrero de 2017

GRaNDeS CuiDaDoReS...

 
Seguro que os acordáis de mi amiga Paula. Fue diagnosticada de un Ca. de ovario hace 7 meses y desde entonces ha escrito sobre todo el proceso de enfermedad, cómo lo afronta y cómo lo vive. Y todo eso está recogido en este blog.

Después de haber pasado una mala temporada, por complicaciones de su proceso, Paula vuelve a escribir y estoy encantada de oírla de nuevo.


EL AMOR EN LA ENFERMEDAD

Hoy no voy a hablar de enfermedad, aunque no soy de celebrar el día de los enamorados este año es especial.

Los dos últimos dos meses han sido muy difíciles, he superado dos operaciones, una fuerte peritonitis con importante deterioro de los pulmones, dos días de fallo multiorgánico, pérdida total de la masa muscular por estar encamada y mil pruebas más. Cuarenta días en el hospital, treinta de ellos en la uci, entubada y enganchada a un respirador.

 Ayer volví al hospital a varias revisiones y cuando terminé la última de la mañana, subí a la uci a ver a mis chicas (las enfermeras). Todo fue alegría, abrazos y muchos besos. Ellas encantadas de verme y yo plenamente agradecida por sus cuidados y ánimos durante el mes que estuve allí. Con algunas de ellas he llegado a tener una relación muy especial. Todos, salvo una, me han atendido con todo el cariño y el buen hacer del que eran capaces. Un millón de gracias.

Cuando uno está enfermo, tan importantes son los cuidados médicos como los afectivos y todo cariño es poco. Por eso desde aquí, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, en especial al mío.

Mi marido ha estado en todo momento a mi lado. Desde los primeros días en los que permanecí sedada hasta los últimos ya en la habitación. Todos los días se hacía trescientos kilómetros para ir a pasar la mañana conmigo y por la tarde volver a casa para estar con nuestros hijos. En todo momento ha tenido esperanza y ha confiado en mí, a pesar de los malos augurios de los médicos que me daban pocas horas de vida. Se sentaba a mi lado y me hablaba, con la esperanza de que yo dormida, le escuchara. Para mí, fue muy duro estar más de un mes sin ver a los niños pero él intentaba hacérmelo más llevadero, me llevaba fotos, por las noches grababa audios mientras mi hijo leía el cuento para que yo lo escuchara, mil y un detalles que me hacían los días más llevaderos.

Por eso hoy, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, porque son los grandes olvidados. Debemos aprender a valorarlos y a quererlos, porque sin ellos muchos enfermos no sobrevivirían ni dos días. Por favor, cuando vayáis a visitar a un enfermo, preocuparos también por el bienestar del cuidador.

Son la clave de nuestra sanación.
 
Paula Cruz